Temas de Formación

EL AÑO LITÚRGICO

EL AÑO LITÚRGICO, MUCHO MÁS QUE UN CALENDARIO
P. Guillermo Rosas ss.cc. / Doctor En Sagrada Liturgia

Estamos acostumbrados a ver las agendas-calendario en las que aparecen los textos bíblicos de la eucaristía diaria, las fiestas y sus indicaciones litúrgicas correspondientes, o bien esas representaciones del año litúrgico con segmentos de diverso color para cada tiempo. Por eso, muchos tenemos la idea de que el año litúrgico no es más que el ordenamiento temporal de las celebraciones. 
En cambio, el año litúrgico es mucho más que una mera organización temporal. Ésa es su parte externa, graficable, ciertamente importante, pero que no expresa la riqueza e importancia de su contenido para nuestra fe. Hasta allí, el año litúrgico no se diferencia mucho del calendario civil, que ordena en el curso del año las efemérides y feriados del país.
El año litúrgico, que coincide con el año solar, pero se organiza de acuerdo a criterios teológicos y espirituales, contiene el tesoro de la celebración del misterio pascual de Cristo, siempre nuevo y siempre el mismo. A lo largo de los 365 días del año solar, con sus 12 meses y 52 semanas, se despliega toda la riqueza de la revelación, que culmina en la vida, en el mensaje, y sobre todo en la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios. El año litúrgico es un ícono de su presencia salvadora en la historia, espacio y tiempo de la revelación del Dios de Israel y del Dios de Jesucristo. Los tiempos y fiestas de la liturgia a lo largo del año no hacen presente otra cosa sino al propio Señor resucitado y glorioso. En la Cena Él dijo a sus discípulos: “hagan esto en memoria mía”. La eucaristía, que llamamos “sacramento” o “misterio de nuestra fe”, es el mayor signo de su presencia viva en la historia.

Tiempo de presencia y de interpelación
El año litúrgico es Cristo mismo, eje en torno al cual gira la espiral del tiempo, con sus círculos ascendentes, siempre iguales y siempre nuevos.
Podremos celebrar cada año la Navidad, pero no habrá jamás dos Navidades iguales, porque cada cristiano y cada comunidad que celebra ha cambiado y crecido, y el mundo también. El año litúrgico no es un ciclo de retornos fatales, sino un reflejo del dinamismo propio de la vida de todo creyente, y participa de la eterna novedad del Resucitado que llama a la historia hacia su plenitud.
En cuanto organización, el año litúrgico consta del ciclo temporal y del ciclo santoral. Este último está constituido por las fiestas de los santos inscritos en el calendario de la Iglesia universal, y de aquellos de las iglesias particulares, como en Chile Santa Teresa de los Andes, San Alberto Hurtado y la Beata Laura Vicuña.
Pero la trama principal del año litúrgico la constituye el ciclo temporal, con sus dos focos, la Pascua y la Navidad, entre los cuales se insertan las 34 semanas del tiempo llamado “ordinario”. El ciclo natalicio inicia con el Adviento que celebra la esperanza de la venida definitiva de Cristo y prepara la Navidad, y continúa con Navidad, Sagrada Familia y Epifanía, para culminar en la fiesta del Bautismo del Señor. El ciclo pascual inicia el Miércoles de Cenizas, con la Cuaresma, continúa en el Triduo Pascual, cumbre y fuente del año litúrgico, y continúa con la cincuentena pascual, que a los cuarenta días celebra la Ascensión, para culminar en Pentecostés, fiesta del Espíritu Santo.
Es en estos tres “tiempos” (pascual, natalicio y ordinario) en los que celebramos toda la riqueza de Jesucristo. A esa riqueza pertenece su Madre María, primera entre los santos, estrechamente asociada a su vida y mensaje y por lo mismo muy presente a lo largo de todo el año litúrgico.

Camino de encuentro con Jesús
El año litúrgico es el primer y gran “mistagogo” de los creyentes: nos conduce, a través de las celebraciones que constituyen la vida litúrgica personal y comunitaria, hacia el pleno conocimiento del misterio de Cristo. En el camino que cada año recorremos, la liturgia se nos revela así como esa “fuente y cumbre de la vida de la Iglesia” de la que habla el Concilio Vaticano II. El año litúrgico es un camino de encuentro con el Señor y de interiorización de la vida creyente, de fortalecimiento de la fe, la esperanza y el amor. Es un maestro que nos acompaña y conduce, como Jesús con los discípulos del camino de Emaús, iluminando nuestra vida con la fe y urgiéndonos al compromiso de vida.

Facebook

O'higgins 1487 Chiguayante, Concepción - CHILE / Fono: +56 041-2361463