Flash Litúrgico

EL ALTAR: CRISTO EN MEDIO DE LA ASAMBLEA

EL ALTAR: CRISTO EN MEDIO DE LA ASAMBLEA
P. Guillermo Rosas ss.cc. / Doctor En Sagrada Liturgia

El altar es un elemento fundamental de todo edificio destinado a la celebración litúrgica. Es algo que percibimos espontáneamente: cuando celebramos una eucaristía al aire libre, en lo primero que pensamos es construir un altar provisorio para la celebración, en torno al cual disponemos al grupo.

altar_3.pngSin embargo, es frecuente encontrar altares "insignificantes" (no significativos), descuidados, rodeados o llenos de cosas que impiden verlos bien, demasiado pequeños, ligeros, poco presentes, con manteles que los tapan por completo. ¿Le damos al altar la importancia que tiene, tanto en nuestra percepción como en la práctica litúrgica habitual? ¿Tenemos conciencia de su alto valor simbólico y centralidad celebrativa?

Dependiendo del edificio (pequeña capilla, templo parroquial o catedral, por poner tipos bien diferenciados), podrá haber altares bien diversos: pequeños o amplios, fijos o móviles, de madera, piedra, hormigón o metal. Y según si la iglesia es antigua o moderna podrá haber altares más sobrios o más ornamentados.

El altar ha pasado por una evolución que se puede, muy brevemente, resumir así: en las primeras comunidades cristianas, cuando la eucaristía se celebraba en las "domus ecclesiae" ("casas de la asamblea", domicilios adaptados para la celebración), fue una mesa familiar como la que probablemente sirvió para la Cena del Señor con sus apóstoles antes de su pasión. Luego, en una Iglesia aceptada e instalada en el imperio romano, pasó a ser una gruesa mesa o bloque de piedra colocado en el ábside de los templos basilicales. Una compleja evolución lo llevó más adelante a reducirse casi a una repisa al pie de un alto retablo pegado al fondo del edificio, y a multiplicarse, en las grandes iglesias, en varios y a veces muchos altares laterales. Le agradecemos a la reforma litúrgica del Vaticano II el haber recuperado el sentido y la forma más originarios del altar, como parte de la reforma de la celebración eucarística: un solo altar en la iglesia, de cara a la asamblea y en el centro visual del edificio.papa_sagrada_familia.jpg

Los cristianos aceptaron el término "altar", que designaba el lugar donde se inmolaban sacrificios a la divinidad, atribuyéndole un nuevo significado: el lugar en el cual el cuerpo de Cristo, sacrificado en la cruz, se nos da como alimento. El altar cristiano es la mesa convival en torno a la cual la asamblea celebra la Cena del Señor. Simbólicamente, el altar es Cristo: Cristo es "sacerdote, víctima y altar". Su centralidad en el edificio corresponde a la centralidad del Señor en la liturgia. Decir altar es decir eucaristía: Cristo que preside la Cena, ofrece su vida y alimenta a su pueblo. Este simbolismo es el que lleva a cuidar su posición y su aspecto. El ideal es que sea de materiales firmes y nobles, empotrado en el pavimento, bien visible y proporcionado a las dimensiones del edificio.

¿Cómo hacer que nuestro altar exprese de verdad su profundo significado?

• Procurando que esté en el centro visual del edificio, hacia el cual fluya espontáneamente la atención de la asamblea, y despejando su entorno inmediato de otros muebles (por ejemplo, la credencia) que dificulten verlo entero.

• Procurando que su aspecto material sea adecuado a su centralidad y valor simbólico. Puede ser de piedra u hormigón, o de maderas duras, con forma de mesa o de bloque. Una mesita de patas delgadas, por ejemplo, difícilmente tiene el "peso" visual que el altar merece. Aún en capillas pequeñas, el altar debe ser un elemento significativo, aunque sea de tamaño reducido.

• Usando el altar para lo que es: la celebración de la eucaristía. "Dedicarlo" a la liturgia es precisamente sustraerlo a otros usos. El altar no es una mesa de conferencias, ni el lugar específico para predicar, ni el soporte de todo tipo de objetos.

• Colocando sobre él sólo lo necesario para la celebración. No llenarlo, por lo tanto, de otros objetos. Lo esencial es: un mantel blanco que no tape el altar, sino que sólo cubra su superficie o caiga por ambos costados, dejando visible la parte delantera; dos cirios; y el Misal, frecuentemente puesto sobre un atril de mesa para facilitar su lectura (ojalá sea lo mas pequeño y trasparente posible). No son esenciales las flores, que sin embargo son un hermoso adorno, ni un crucifijo si es que hay uno grande detrás o sobre el altar (si no lo hay, se coloca uno pequeño sobre el altar: visible, pero no invasor). Cuando se traen otros signos junto con las ofrendas de pan y vino, recurso frecuente en misas juveniles, es mejor colocar una mesa baja o un manto delante del altar para depositarlas, y no hacerlo sobre éste.

 

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