Flash Litúrgico

EL AMBÓN: DIOS HABLA A SU PUEBLO

EL AMBÓN: DIOS HABLA A SU PUEBLO
P. Guillermo Rosas ss.cc. / Doctor En Sagrada Liturgia

Lugar del anuncio de la Resurrección

Junto con el altar, el ambón es un lugar litúrgico de gran significado en el espacio del culto cristiano. Es la sede de la "mesa de la Palabra", como el primero lo es de la "mesa de la Eucaristía". Desde el ambón se proclama la Palabra de Dios, se anuncia la resurrección de Cristo. Su etimología es significativa. "Ambón" tiene su origen en el verbo griego "anabainein": subir. Los ambones de los primeros siglos solían ser lugares elevados a varios metros sobre el piso, para permitir que los lectores fueran vistos y las lecturas escuchadas por toda la asamblea. Pero junto con el motivo práctico, visual y auditivo, hay un evidente simbolismo: al ambón se sube a proclamar la Buena Nueva de Cristo resucitado, núcleo del mensaje cristiano. Es el monte al que Moisés subió para recibir la ley de Dios, el estrado desde el cual Esdras proclamó la nueva ley, pero sobre todo esos tejados desde los cuales se anuncia la Buena Noticia. Es el sepulcro vacío, desde el que Cristo victorioso proclama su resurrección.

En el siglo IV, la basílica que fue construida sobre el sepulcro de Jesús en Jerusalén, no tenía ambón: las lecturas se proclamaban desde el mismísimo lugar donde Jesús estuvo amortajado y se levantó resucitado. Este simbolismo hizo que, muy a menudo, los ambones del pasado evocasen un sepulcro y fuesen decorados con alegorías de la muerte-resurrección, como Jonás expulsado del vientre del gran pez en el que había estado tres días.

ambon_2.jpgEl ambón originario, lugar elevado que a veces estaba situado en medio del templo, fue sustituido después por el púlpito, una tribuna generalmente adosada a una columna de la iglesia, a la que se accedía por una escalera de caracol. La reforma litúrgica volvió a valorar la forma más primitiva del ambón, que es la que hoy se construye. No es raro hallar, sin embargo, ambones poco significativos, sea por su posición dentro del espacio litúrgico, sea por el material con que está construído. Es bueno mirar bien los que tenemos y renovar su importancia en nuestros espacios litúrgicos.

Símbolo e instrumento

El ambón es la sede de la Palabra, y la Palabra es Cristo. De allí su alto valor simbólico. Al mismo tiempo, es un mueble cuya función práctica es esencial en la liturgia. Un buen ambón debería responder tanto a su valor simbólico como a su condición de instrumento para que la Palabra de Dios sea trasmitida y recibida. Hermoso y práctico, digno y útil al mismo tiempo.

No es raro encontrar ambones que no responden adecuadamente a su valor simbólico y utilidad. A veces son simples y ligeros atriles movibles; otras demasiado altos y voluminosos, que no dejan ver sino la cabeza de quien lee; hay ambones mal iluminados o con micrófonos enormes; o iglesias con dos ambones idénticos, uno a cada lado del presbiterio.

Es necesario que haya otro lugar similar al ambón para los guías de la liturgia, los avisos y eventualmente, el guía del canto de la asamblea. Pero no puede ser un segundo ambón; debe ser un atril móvil, más pequeño y discreto. Así el ambón se usa solamente para los elementos propios de la Liturgia de la Palabra. Por su propio simbolismo, el ambón debería ser único en el espacio litúrgico. Un solo altar y un solo ambón, para cada una de las dos "mesas". El paralelismo simbólico y celebrativo entre altar y ambón hace conveniente que sean homogéneos: construidos de los mismos materiales, similares en lo formal, adornados de modo parecido.

La nueva Introducción General al Misal Romano describe al ambón con las siguientes palabras: "La dignidad de la Palabra de Dios exige que en la iglesia haya un lugar adecuado desde donde se la anuncie, y hacia el cual converja espontáneamente la atención de los fieles durante la liturgia de la Palabra. Conviene que en general este lugar sea un ambón fijo y no un simple atril movible. El ambón, según la estructura de cada iglesia, debe estar dispuesto de tal manera que los ministros ordenados y los lectores puedan ser cómodamente vistos y oídos por los fieles. Desde el ambón se proclaman únicamente las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual; también desde él pueden hacerse la homilía y las intenciones de la oración universal. La dignidad del ambón exige que sólo suba a él un ministro de la Palabra." (IGMR 309). La Instrucción sobre las Lecturas de la Misa (OLM) amplía estas mismas normas en los números 32 a 34.

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