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Entrevista a la Hermana Pushpa Hermanas Salesas de María Inmaculada

Hace algunos días pudimos encontrarnos con la Hermana Pushpa, de las religiosas salesas para conversar con ella y conocer algo más de su vida consagrada. Durante la conversación nos contó cómo recuerda con gratitud la relación fraterna que ha tenido con sacerdotes y seminaristas.

La Hermana Pushpa, cuyo nombre significa "Flor", tiene ya 46 años de vida consagrada, nació en la India en 1947. Su padre y su padrino se encargaron de que pudiera ser bautizada rápidamente después de nacer y más tarde se logró inscribir el bautismo en una Parroquia. El nombre que recibió el día de su bautismo fue María Estephanie y posteriormente, el día de su consagración eligió el actual.

¿Cómo descubrió su vocación religiosa?

070.JPGFue algo muy misterioso. Cuando yo tenía 10 años me desperté a medianoche y vi que mi papá aún estaba trabajando en su oficina. Yo me acerqué a él y le pregunté: "Papá, ¿por qué Ud trabaja tanto?", porque él era director de un colegio y tenía mucho trabajo; y él me contestó: "hija, nunca trabajes para ganar dinero sino siempre busca ayudar a los demás". Desde ese día pensé cómo podía lograr eso y así descubrí mi vocación, donde de verdad puedo ayudar siempre a los demás.

¿Qué es lo más hermoso de ser religiosa?

Para mí, lo más hermoso es que todo sea para el Señor y especialmente vivido en el servicio. Mi mayor felicidad es lograr hacer algo para el bien de los demás.

¿Cómo ha sido su trabajo en colaboración con sacerdotes y seminaristas?

Cuando era niña mi papá siempre nos enseñó a querer mucho a los sacerdotes. En mi casa siempre se preparaban cosas para la familia pero pensando en llevar una parte para el sacerdote. Desde ahí tomé mucho cariño a los sacerdotes y aún más en la congregación, donde nos consideramos auxiliares de los sacerdotes.

Me ha tocado misionar muchas veces junto a sacerdotes y seminaristas. A veces nos tocaba llegar a lugares muy apartados, muy cansados y ya de noche, pero aun así dábamos lo mejor de nosotros, preparábamos cantos, dramatizaciones de navidad, etc.

Aquí en Chile me tocó trabajar en Arauco y en verano llegaban todos los seminaristas a misionar. Me gustaba mucho trabajar con esos seminaristas y es una gran alegría verlos hoy como sacerdotes. Siempre me pregunto cómo ayudarlos más para que puedan ser sacerdotes santos, porque eso es lo que hoy el mundo necesita.

¿Qué espera la gente de sus sacerdotes?

Esperan que sean hombres humildes, sencillos y que vivan como Jesús vivió. Esperan que estén más cerca de ellos y que estén a su servicio.

Yo conocí al Padre Santiago, antiguo párroco de Arauco, y él me impresionaba; visitaba enfermos a cualquier hora de la noche, no le molestaba que lo despertaran, estaba siempre disponible. Cuando la gente ve a un sacerdote así lo empiezan a querer inmediatamente.

La gente espera que los sacerdotes sean muy cercanos a todos, sin ninguna distinción.

¿Qué mensaje enviaría a los seminaristas?

Les diría algo muy sencillo. Que sepan amar mucho a Dios, que sean siempre hombres de Dios y hombres de mucha oración, porque ese es nuestro apoyo. Les diría que hagan de la Eucaristía el centro de su vida.

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