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  Ser Apóstol -> Fiesta de San Alberto Hurtado, Día de la solidaridad.


Fiesta de San Alberto Hurtado
Día de la solidaridad
18 agosto 2010

 En Chile el día de San Alberto Hurtado ha sido declarado «Día de la Solidaridad» y el tema de la solidaridad se extiende a todo el mes de agosto. «Solidaridad» es el nombre que el mundo civil da al sorprendente testimonio de entrega y caridad de San Alberto Hurtado.

 Pero él es, antes que todo, un santo. No hay otra explicación para su ministerio y para su servicio a los pobres que Dios mismo. San Alberto Hurtado no puede explicarse por meros motivos humanos. Sólo su profunda fe en la Palabra de Cristo y su inmenso amor a Jesucristo son explicación suficiente a su entrega de la vida por el bien de los demás. San Alberto Hurtado creyó lo que Jesús asegura en la parábola del juicio final: «Lo que ustedes hicieron a estos hermanos míos más pequeños lo hicieron a mí» (Mt 25,40). San Alberto estaba convencido de lo mismo que estaba convencido San Pablo: «El Hijo de Dios me amó y se entregó a la muerte por mí» (Gal 2,20). El amor a Cristo, a quien veía en los más pobres y desamparados, es lo que llevó a San Alberto a entregar su vida. En él vemos lo que afirma San Juan: «En esto hemos conocido lo que es amor: en que él (Cristo) dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1Jn 3,16). Nosotros, nuestros contemporáneos en Chile, hemos conocido lo que es el amor en Cristo y también en San Alberto Hurtado, porque él, siguiendo el ejemplo de Cristo, tambíen dio su vida por los hermanos.

 El término «solidaridad» no pertenece al ámbito bíblico. No es un término que usara San Alberto para describir su entrega por los demás. Él usaba el vocabulario de Cristo: «Amense unos a otros, como yo los he amado» (Jn 13,34). El vocabulario cristiano –ya lo hemos dicho– es el amor que proviene de Dios. Pero al término «solidaridad» puede darse un sentido cristiano.

«Solidarizar» significa adherir a otro hasta hacerse un cuerpo sólido con él, significa hacerse uno con el otro en su misma situación o en su misma causa. San Alberto habría acogido con gusto este término para describir su actitud. Él quiso hacerse uno con los que sufren en su lucha por superar la probreza; él quiso hacerse uno con los niños abandonados en la calle y por eso salía a buscarlos y a estar con ellos; por eso los llevaba a un hogar donde pudieran recibir un trato digno. El término «solidaridad», aunque no nació en contexto cristiano es susceptible de ser cristianizado. En efecto, corresponde a lo que escribe San Pablo sobre la Iglesia: «Del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu... Ahora bien, muchos son los miembros, mas uno el cuerpo... Dios dispuso los miembro de manera que no hubiera división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocuparan lo mismo los unos de los otros. Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su  gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte» (1Cor 12,12-13.20.25-27).

La solidaridad la debe vivir un cristiano por un motivo mucho más profundo. Sólo la fe cristiana puede ofrecer casos como el de San Alberto Hurtado. Él inspira el amor cristiano y también la «solidaridad» con todos, la solidaridad que consiste en hacerse uno con el otro para defenderlo y apoyarlo en su situación de pobreza, enfermedad, soledad, angustia, o cualquier otra necesidad.

    + Felipe Bacarreza Rodríguez
   Obispo de Santa María de Los Ángeles



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