Temas de Formación

La llamada de Dios al sacerdocio

La llamada de Dios al sacerdocio

Pasos que se deben dar para responder

         La llamada de Dios al sacerdocio es exclusivamente de Dios. Ël elige a quien quiere y dirige su llamada al corazón de un joven a través de Jesucristo. Sigue siendo siempre actual que: «Jesús subió al monte y llamó a los que quiso» (Mc 3,13). Jesús llama a los que él quiere para que tengan una intimidad mayor con él –«para que estén siempre con él»– y para que continúen hoy su misma misión de salvación: «Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes» (Jn 20,21). Por eso quien está llamado a compartir el sacerdocio de Cristo debe conducir una vida semejante a la de Cristo: «Para esto han sido llamados: Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus huellas» (1Ped 2,21). La alegría mayor de la vocación sacerdotal consiste en esta unión con Cristo y en asumir su misma misión de salvación.

         ¿Cuáles son los pasos que debes dar cuando sientas en tu corazón el llamado de Cristo al sacerdocio? Antes que nada debes sentirte feliz pensando que Cristo te ama especialmente y quiere asociarte a su misión de salvación. Debes comenzar un período de mayor contacto con Cristo en la oración, en la lectura de la Palabra de Dios y en la participación en la Eucaristía, ojalá diariamente. También es importante que pongas tu posible vocación en las manos de la Virgen María.vocaciones-sacerdotales.jpg

         Luego, debes comenzar un período de discernimiento. Se trata de verificar la autenticidad del llamado que sientes. Para esto es necesario que te acerques a un sacerdote, que normalmente será tu párroco, y le expongas lo que sientes. Este tiempo puede estar marcado por dudas y también por la tentación de abandonarlo todo. Es normal. Si no estás participando activamente en la Parroquia, es necesario que comiences a hacerlo, tal vez, en el grupo de acólitos o en algún grupo juvenil. Pero sin dejar los momentos de oración personal silenciosa en íntima unión con Cristo. 

         Como parte del proceso de discernimiento tendrás que participar durante un año en las jornadas vocacionales que se realizan cada mes en tu Diócesis. A la primera jornada te mandará tu párroco con una carta de presentación para el encargado vocacional de tu Diócesis. Las jornadas se desarrollan un fin de semana en el mes y en ellas se tiene contacto con varios sacerdotes encargados de las vocaciones en la Diócesis y se exponen temas que permitan conocer más a Cristo y la vocación al sacerdocio. 

         Si en este año de participación en las jornadas vocacionales la certeza de haber sido llamado por Cristo al sacerdocio se consolida en ti y tu quieres seguir dando los pasos hacia esa meta, entonces, siempre de acuerdo con el sacerdote que te guía, deberás escribir al Obispo una carta solicitando el ingreso al Seminario para comenzar tu preparación concreta para el sacerdocio. La formación en el Seminario Mayor dura siete años. Es un período de más estrecho contacto con Cristo y de discernimiento más profundo. 

        Si eres de nivel escolar y en tu Diócesis hay Seminario Menor, y tú tienes claro que el Señor te llama al sacerdocio, tu camino hacia esa meta debe comenzar entrando en el Seminario Menor. Normalmente, se puede entrar al Seminario Menor cuando se pasa a tercero medio, incluso excepcionalmente, cuando se pasa a segundo medio. Con mayor razón si estás pasando a cuarto medio. En el Seminario Menor se vive en comunidad con otros jóvenes de la misma edad que también anhelan seguir a Cristo en el sacerdocio, se tiene la Eucaristía diaria y otros momentos de oración. Los alumnos siguen su enseñanza media en algún colegio católico de la Diócesis. 

      Si estas palabras caen en tus manos es porque Dios quiere que te preguntes sinceramente qué quiere el Señor de ti en este mundo y te plantees seriamente la posibilidad de la vocación sacerdotal. Pasarás el resto de tus años de vida feliz, gozando de un anticipo de la felicidad eterna y luego, recibirás la vida eterna plena, según la promesa de Cristo: «Todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna» (Mt 19,29).

  + Felipe Bacarreza Rodríguez

Obispo de Santa María de Los Ángeles

S. María de L.A., 12 junio 2012

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