Temas de Formación

OCIO INTELECTUAL

 

"La persona y el ocio"
"El ocio es instalarse en la plenitud y celebrarla."

El trabajo, el estudio y las actividades cotidianas consisten en un medio o camino hacia un bien requerido, en cambio el ocio contiene en sí mismo la vida dichosa y la felicidad en tanto fin en sí misma. El ocio implica un modo de estar, de mirar, de atender la realidad, implica una actitud perceptivo-receptiva, una silenciosa contemplación...

"El ocio es quietud, silencio, receptividad, aquel ‘poner el oído atento al ser de las cosas', que decía Heráclito, para que se nos muestren desde sí mismas y podamos así poseerlas: ‘sólo la interior apropiación de lo otro en cuanto otro enriquece sapiencialmente'. Ocio es la situación en la que se puede llevar a cabo aquel aprender y poseer lo aprendido que se llamó cultura, el enriquecimiento del espíritu y el cultivo de la interioridad, sin que de eso dependa la supervivencia: es decir, porque nos gusta. (...) ‘Humano es saber que sobre el techo se encuentran las estrellas, captar más allá del habitáculo familiar, adaptado a lo habitual y cotidiano, la totalidad de las cosas existentes."[1]

En este sentido, la persona existe como un "mixto" entre diversos polos, entre: la palabra y el silencio, entre lo sensible y lo inteligible, entre el vacío y su búsqueda del "Todo", entre la intimidad y la comunicabilidad de su ser y entre la actividad y la pasividad, entre otros. Por lo tanto, al ser la persona un "mixto paradójico", parafraseando a P. Ricoeur, tendrá siempre que lograr articular y equilibrar la actividad laboral, el trabajo y las necesidades cotidianas y concretas con el descanso y el cultivo de su alma espiritual en "la" actividad principal: la pasividad contemplativa de meditar y reflexionar en torno a la totalidad y al ser de las cosas...lectura.jpg

Hoy por hoy que "el hilo de Ariadna se ha perdido", haciéndonos eco de las palabras de J.L. Borges, se ignora esta condición frágil de mixto humano, de temporalidad y de cultivo espiritual. El ocio deja de serlo para reemplazarse por otro tipo de actividad que en lugar de elevar, facilitar el crecimiento y cultivo antropológico interior, termina por alienar y enajenar aún más a la persona anclándola en mayores esclavitudes de tipo económica y social.

El trabajo y el estudio así como el ocio poseen una naturaleza que es definida, asimismo, por el fin de cada uno. Pero cuando se huye de la "naturaleza" y del fundamento de las cosas así como de sus propios fines -como pasa en nuestra época-, el trabajo y el ocio dejan de cumplir su función y sentido precisos. Y más aún cuando el trabajo y el "ocio" mal entendido[2] y vivido son buscados independientemente de la persona como realización plena de la existencia.

Cabe en este contexto una reflexión y toma de conciencia respecto del significado antropológico y originario del ocio en sentido estricto y de la vivencia contemporánea desvirtuada del mismo en tanto tiempo libre y/o descanso superfluo y veleidoso alejado de la existencia humana integrada. El ocio no implica, pues, no "hacer nada", sino estar dedicado a "ejercitar" receptivamente la contemplación de la realidad y de la causa última de ella: "la rosa florece porque florece"...

 

Profesora María Belén Tell. Licenciada en Filosofía.

Se desempeña como  docente Metafísica y Antropología Filosófica en la  Universidad Católica de la Santísima Concepción.

 


[1] YEPES STORK, Ricardo; Fundamentos de Antropología, Eunsa, Pamplona, 1976, pp. 425, 426.

[2] Dado que hoy se lo identifica con mera diversión, fiesta, descanso perezoso y/o reposo anodino y vacío.

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