Sacerdotes

Padre Mario Ruiz, sj

 

PADRE MARIO RUIZ FUE UN MODELO DE SACERDOTE
pm3.pngEl  Padre José Mario Ruiz Rivas nació en San Ignacio, provincia de Ñuble, el 1° de mayo de 1920. Fue el menor de  8 hermanos. Toda su vida quedó marcado y enamorado del mundo campesino. Estudió en la Escuela Apostólica de Chillán donde mostró sus dotes para los idiomas clásicos de latín, griego y francés. 

Entró al noviciado de la Compañía de Jesús, en  Chillán el 9 de marzo de 1937. Se salvó del terremoto de 1939 porque estuvo de paseo con los demás novicios en el Salto del Itata. Con sus compañeros le tocó socorrer a los miles de heridos. Terminó el noviciado en Calera de Tango. Los dos años siguientes de la formación, el Juniorado, fueron en Córdoba, Argentina. Estudió filosofía y teología en San Miguel (Buenos Aires).

Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1950. En 1952, hizo la tercera probación en Colombia. Allí alcanzó a mediar la paz en un pueblito de la selva. Hizo sus últimos votos el 2 de febrero de 1954.

Su apostolado se desarrolló en el colegio San Luis de Antofagasta, San Javier de Puerto Montt, San Marcos de Arica y a partir de 1981, en la escuela San Ignacio de Concepción (colegio a partir de 1998) y el Instituto de Humanidades.

Por donde pasó dejó grandes amistades. Llegó a ser un verdadero “amigo de los niños y maestro de juventudes”. De carácter alegre y optimista, animaba a su interlocutor y mostraba interés por su vida. Marcó a muchas generaciones de jóvenes a lo largo de Chile. ¡Era padrino de confirmación de más de 500 jóvenes! Tenía una memoria prodigiosa para acordarse de la gran mayoría de ellos con nombre y apellido. Incansable confesor y catequista. Muchos ex alumnos acudían a él para su matrimonio y bautizo de sus hijos. El Colegio era para él la gran comunidad atendiendo también a padres y apoderados y hasta sus abuelitos. Por largos años celebraba la misa muy temprano a las religiosas de la Inmaculada del Externado de calle San Martín, en Concepción. El Padre Mario estaba siempre disponible. Cuando se le pedía una bendición o unción de enfermos, a la hora que fuera, allí partía.

Durante las vacaciones organizaba los campamentos de jóvenes y en feriados largos partía a misiones al interior de Chillán y Los Ángeles. ¡Era incansable!

Ya enfermo y gastado, no se rendía y seguía. El día anterior a ir a Santiago para exámenes, todavía lo pasó en el Colegio.

“Siempre oiremos cosas hermosas y edificantes. Perdimos a un gran compañero y modelo de sacerdote que con toda seguridad y su gran afán apostólico, ya está intercediendo desde el cielo por todos nosotros”, comentó el padre Julio Stragier s. j., hermano de la comunidad jesuita de Concepción.

El  Padre José Mario Ruiz Rivas nació en San Ignacio, provincia de Ñuble, el 1° de mayo de 1920. Fue el menor de  8 hermanos. Toda su vida quedó marcado y enamorado del mundo campesino. Estudió en la Escuela Apostólica de Chillán donde mostró sus dotes para los idiomas clásicos de latín, griego y francés. 

Entró al noviciado de la Compañía de Jesús, en  Chillán el 9 de marzo de 1937. Se salvó del terremoto de 1939 porque estuvo de paseo con los demás novicios en el Salto del Itata. Con sus compañeros le tocó socorrer a los miles de heridos. Terminó el noviciado en Calera de Tango. Los dos años siguientes de la formación, el Juniorado, fueron en Córdoba, Argentina. Estudió filosofía y teología en San Miguel (Buenos Aires).

Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1950. En 1952, hizo la tercera probación en Colombia. Allí alcanzó a mediar la paz en un pueblito de la selva. Hizo sus últimos votos el 2 de febrero de 1954.

Su apostolado se desarrolló en el colegio San Luis de Antofagasta, San Javier de Puerto Montt, San Marcos de Arica y a partir de 1981, en la escuela San Ignacio de Concepción (colegio a partir de 1998) y el Instituto de Humanidades.

Por donde pasó dejó grandes amistades. Llegó a ser un verdadero “amigo de los niños y maestro de juventudes”. De carácter alegre y optimista, animaba a su interlocutor y mostraba interés por su vida. Marcó a muchas generaciones de jóvenes a lo largo de Chile. ¡Era padrino de confirmación de más de 500 jóvenes! Tenía una memoria prodigiosa para acordarse de la gran mayoría de ellos con nombre y apellido. Incansable confesor y catequista. Muchos ex alumnos acudían a él para su matrimonio y bautizo de sus hijos. El Colegio era para él la gran comunidad atendiendo también a padres y apoderados y hasta sus abuelitos. Por largos años celebraba la misa muy temprano a las religiosas de la Inmaculada del Externado de calle San Martín, en Concepción. El Padre Mario estaba siempre disponible. Cuando se le pedía una bendición o unción de enfermos, a la hora que fuera, allí partía.

Durante las vacaciones organizaba los campamentos de jóvenes y en feriados largos partía a misiones al interior de Chillán y Los Ángeles. ¡Era incansable!

Ya enfermo y gastado, no se rendía y seguía. El día anterior a ir a Santiago para exámenes, todavía lo pasó en el Colegio.

“Siempre oiremos cosas hermosas y edificantes. Perdimos a un gran compañero y modelo de sacerdote que con toda seguridad y su gran afán apostólico, ya está intercediendo desde el cielo por todos nosotros”, comentó el padre Julio Stragier s. j., hermano de la comunidad jesuita de Concepción.

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