Temas de Formación

PERSONA Y VOCACION

“Persona y vocación”
“Quien ha sido tocado por un gran amor, difícilmente puede eludir la responsabilidad que implica la búsqueda de una vocación.”
  (Mandrioni, Héctor D.; La vocación del hombre, Buenos Aires, Ed. Guadalupe, 1995, p. 35.)
      Si leemos detenidamente el epígrafe precedente, cabe preguntarse en primera persona: ¿hemos sido conmovidos por un gran amor?, ¿por quien o Quien? En consecuencia, ¿cómo hemos en ese primer momento acogido, asumido y aceptado ese regalo, y cómo lo hacemos hoy día?
      Si un gran amor nos ha acontecido, ¿qué y cómo le respondemos?, porque la responsabilidad de nuestra decisión frente a una invitación de tal envergadura implica una respuesta, implica una deliberación, una elección cognitivo-volitivo-afectiva, implica un proyecto y una decisión existencial, integral. ¿Seguimos disponibles para recibir dicha llamada? Llamada que se corresponde con una enorme y profunda invitación de amor, por amor, en amor.
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     Por lo tanto, esta Llamada amorosa ¿nos sigue convocando, percutiendo interiormente, seguimos buscando incesantemente a Aquel Quien llama? En este sentido, toda vocación conlleva una relación, y es en la profundidad de esta relación donde se va descubriendo la íntima verdad de sí mismo y de la propia tarea en la vida a partir del Tú que ilumina y llama, y convoca y mueve, y atrae hacia Sí amorosamente: “hazte dos habitaciones: una, en tu celda, para no ir y venir por todas partes… Luego, hazte otra celda espiritual que llevarás contigo: es la celda del verdadero conocimiento de ti mismo; allí encontrarás el conocimiento de la bondad de Dios para contemplarlo… en el conocimiento de Dios encontrarás el fuego de la divina caridad”[1].
      La época y cultura contemporánea también nos llama, pero muchas veces con ruidos, dispersiones, enajenaciones, esclavitudes, levedades y cosificaciones tecnológicas que nos alejan y despistan del Verdadero llamado interior e histórico concreto de Cristo. Y ahí está nuestro oído, nuestra vista, nuestra existencia… ¿Dónde estamos, en qué estamos, hacia dónde caminamos, en qué o en quien se sostiene nuestra existencia? La libertad humana nos exige decisiones, meditemos, por tanto, en nuestros proyectos, anhelos y acciones.
      Toda vocación exige una respuesta, toda respuesta proviene de una invitación, y no hay invitación amorosa para la conciencia cristiana que no provenga de Dios Trino, y a Dios lo escuchamos, lo conocemos y le respondemos en una relación, en un encuentro de amor posible, en el silencio de nuestra celda interior.
        Concluyendo, ¿en qué celda o habitación nos encontramos: en las que nos indican el camino y el horizonte hacia nuestra plenitud gozando de la gratuidad amorosa del Encuentro y de la Llamada? O bien, ¿nos atamos o encerramos en “lugares” o habitaciones en las que, cuales espejismos, prometen falsas ilusiones que terminan por callar o silenciar esa Voz que clama honda e íntimamente?
      La vocación nos conduce al cumplimiento de nuestro ser y este coincide con esa Voz que nos llamó y atrajo bella y amorosamente. Entonces, ¿qué y cómo Le estamos respondiendo? ¿Se está adecuando la Llamada recibida con nuestra entrega? Porque no olvidemos que la medida y el alcance de nuestra plenitud en esta vida coincide con la cima de nuestra entrega… 

María Belén Tell, Profesora de Antropología Filosofica.
[1] DE SIENA, Santa Catalina en AHUMADA PRIETO, Vicente; Historia de la espiritualidad, 3ra. ed., Santiago de Chile, Seminario Pontificio Mayor, 1991, p. 89. 

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