Santos de La Iglesia

Santa María Goretti

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Nace un 16 de octubre de 1890 en Corinaldo, Italia. Esta santa hija de Luigi Goretti y Assunta Carlini fue la tercera de siete hermanos, familia numerosa de escasos recursos, pero rica en virtudes y, especialmente, rica en fe. En su familia se cultivó un clima de oración, se rezaba el rosario todos los días y los domingos se asistía asiduamente a la Santa Misa.

A causa de la dura crisis económica que azotaba a su familia, el padre, Luigi, decide irse con los suyos hacia Ferriere di Conca donde trabajó para el conde Mazzoleni. En esta época, María comienza a dar luces de un precoz desarrollo intelectual y una curiosa madurez en relación a sus pares.

Poco tiempo después y producto de una enfermedad fulminante, su padre muere dejando a la familia sin un sustento económico, ante lo cual, su madre debe salir a traer dicho sustento y comenzar así a trabajar. Sin embargo, María continúa con la misión que se le da de cuidar a sus hermanos más pequeños, continúa yendo al catecismo y reza constantemente el santo rosario, además se comienza a gestar en ella un rechazo tremendo hacia el pecado y, por el contrario, un aprecio, aún mayor, por la figura del crucifijo. Su amor por la Eucaristía se hacía cada vez mayor, al punto de ingeniárselas para poder prepararse y así recibir la primera comunión un 29 de mayo de 1902.

En el lugar al que se trasladaron, cuando se mudaron a Ferreire di Conca, había una familia, los Serenelli, con la que compartían la cocina, dado que los departamentos donde habitaban ambas familias estaban juntos. La familia Serenelli era de costumbres muy contrarias a las de la familia de María, en especial, su hijo Alessandro, el cual solía ser muy obsceno y abandonado a los vicios del mundo. Cuando muere Luigi, Assunta y sus hijos caen bajo el yugo despótico de los Serenelli teniendo la familia que aguantar los malos tratos de sus propios vecinos.

Un 5 de julio mientras todos se encontraban trabajando en el campo, Alessandro arrastraba un carro tirado por bueyes sobre las habas, de repente, a eso de las tres de la tarde, pide relevo del trabajo a Assunta, la cual consiente y continúa realizando la labor de su vecino. En este momento Alessandro, quien ya había tenido contacto con María, lleva a esta hacia la cocina de la casa e intenta tener relaciones sexuales con ella, sin embargo, el horror hacia el pecado que marcaba la vida de María Goretti, sumado a su amor profundo hacia la persona de Jesucristo y el anhelo de vivir con él en el paraíso y de llevar a todos hacia él, le hicieron resistirse. La santa luchó con todas sus fuerzas tratando de liberarse, gritaba, pero nadie le oía, hasta que cansado por la situación y al ver que su propósito se tornaba inviable, Alessandro toma un cuchillo y la apuñala y, finalmente, corre a esconderse a su habitación. María logra ser escuchada y es llevada al hospital donde los médicos, sorprendidos, no podían creer como podía seguir viva después de haber recibido puñaladas en zonas como el pericardio, el corazón, el pulmón izquierdo y el intestino.

Maria_Goretti.jpegMaría es asistida por un sacerdote quien le proporciona los sacramentos necesarios. La fe de la niña permanece firme y reza aun más asiduamente. Incluso al momento anterior de recibir la sagrada Comunión, cuando se le es preguntada sobre su agresor, responde de la forma más evangélica que puede haber, le perdona, pero es más, desea que este vaya con ella al paraíso también. Su agonía, semejante a la que tuvo que pasar Jesús en la cruz, acabó a las 3 de la tarde de 1902, entrando así, definitivamente, en la gloria de Dios.

Alessandro vivió el proceso judicial que le correspondía, se realizó el juicio y fue puesto en prisión, condenado a treinta años. Sin embargo, luego de un encuentro con monseñor Blandino, del recuerdo constante del perdón extraordinario dado por María Goretti y de un particular sueño que tuvo con la Virgen María, vestida de blanco y paseándose por los jardines del paraíso, se da cuenta de la profundidad de su delito y pide públicamente perdón a la familia y, en especial, a Dios. Se convierte, abraza la fe en Cristo y se interna en un convento de capuchinos donde es aceptado en la orden terciaria. Lo más extraordinario es que fue el testigo principal que participó en el estudio de la causa de beatificación de la santa niña.

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