Seminaristas

Testimonio Vocacional de Darwin Mardonez

            Testimonio vocacional del seminarista Darwin Mardonez

Mi nombre es Darwin Francisco Mardonez Cáceres, tengo 22 años y curso el primer año de Teología, (cuarto año del seminario), soy de la diócesis  San Bartolomé de Chillán, específicamente de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Portezuelo, mi familia esta conformada por mi Papá, Mamá y dos hermanas que viven en el sector de Capellanía, comuna de Portezuelo.Darwin_Mardones.JPG            

Mi vocación a la vida sacerdotal surge en un ambiente de Religiosidad popular, ya que vengo de una comunidad campesina llamada “Inmaculado Corazón de María”, en ella hay Misa solo una vez al mes, pero junto con mi familia tratábamos de ir todos los domingos para asistir a las distintas catequesis y a la liturgia dominical, a los encuentros con capillas vecinas, donde recibíamos la visita de la Virgen Campesina de Portezuelo, estos son verdaderos signos del amor de Dios.            

Por otro lado mi enseñanza básica la realicé en una escuela parroquial del sector, y mi enseñanza media en el liceo parroquial que está en el pueblo de Portezuelo, ambos colegios fueron fundado por un gran sacerdote, el padre Ricardo Sammon, misionero de la congregación de Maryknoll, él ha sido para mí un gran ejemplo y creo que Cristo se manifestó a mí  a través de este Sacerdote, que luchaba incansablemente por la educación de los hijos de los campesinos, fue también en estos colegios donde recuerdo que surgen los primeros signos de mi vocación,  estando en el liceo en cuarto medio, el padre Sammon me invitó a jornadas vocacionales, que se realizan mensualmente en Chillán, lo que provocó en mí un amor mucho más grande a Cristo y a la persona del sacerdote. Fue así que después de estar participando dos años en estas jornadas y después de la dolorosa muerte del padre Sammon, comencé con el proceso de postulación al seminario; entrevistas con el obispo de mi diócesis, con los formadores del seminario y el apoyo de mi nuevo párroco, el padre René Gómez y la de un sacerdote amigo, fue así como fui admitido en el seminario a los 18 años de edad, para así comenzar con mi proceso de formación para ser sacerdote.

 Ahora muy feliz en el seminario, pido a Dios nuestro Señor, que Él siga llamando a jóvenes para ser sus ministros y les pido a ustedes que recen por nosotros, por nuestra perseverancia y para que seamos fieles a este llamado que Dios nos hace.

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