Seminaristas

Testimonio Vocacional del seminarista Tomás San Martín

Seminarista Tomás San Martín:"Ustedes no me eligieron a mi; he sido Yo quien los eligió a ustedes ..." (Jn. 15,16)

Mi nombre es Tomás San Martín Urrutia, nací el 20 de agosto de 1977 en el sector de Tauco, comuna de Trehuaco, provincia de Ñuble 8ª región del Bio-Bio. Soy el menor de siete hermanos, de los cuales cinco son hombres y dos mujeres, nacidos del matrimonio compuesto por mi madre Flor María Urrutia y Elías San Martín Salvo, quien falleció el 02 de mayo de 2008, a la edad de 82 años.

Provengo de una familia campesina, cuya actividad principal es la Tomas_San_Martin.jpgagricultura, específicamente el cultivo de vides. Inicié mis primeros años de estudios de 1°-6° básico en la escuela de Tauco, comuna de Trehuaco, completando la enseñanza básica en la escuela particular Inmaculada Corazón de María, comuna de Portezuelo. Toda la enseñanza media la realicé en el Liceo Domingo Ortiz de Rozas, de la comuna de Coelemu; una vez concluida, me trasladé a la ciudad de Chillán, donde estudié la carrera de Técnico de Nivel Superior en Industrias Forestales en el CFT Diego Portales. Luego de titularme y haber trabajado algún tiempo, ingresé a estudiar Pedagogía en Educación Básica en la Universidad Arturo Prat durante cinco años; después de la práctica Profesional, me desempeñé como Docente del Proyecto de Integración en el Liceo República del Paraguay en la comuna de Trehuaco previo a la realización de un Postítulo en Deficiencia Mental. Luego de haber trabajado un año en esa comuna opté por cambiarme a la ciudad de Quirihue, donde vivo y trabajé durante cuatros años consecutivos como Docente del Proyecto de Integración Escolar, hasta que ingresé al Seminario Metropolitano de Concepción (año 2012). Paralelamente al trabajo de docente  estudié Pedagogía en Educación Diferencial Mención en Trastorno de Audición y Lenguaje, en la Universidad la República, la que culminé con el examen de grado en enero de 2013.

Sin duda que lo referente al ámbito laboral, primero en el área forestal y luego en el área de la educación fueron experiencias muy bonitas, como también lo fue el tener la oportunidad de estudiar, aunque eso significó mucha abnegación y perseverancia. En tanto la vida de fe, brillaba por su ausencia, no por dejación, sino más bien por la ausencia de Sacerdotes para celebrar la eucaristía en el sector y por la falta de una capilla. Esto, al inicio de la enseñanza media me hacía pensar que asumiendo un compromiso con dicha comunidad podría organizar o gestionar alguna situación. Sin embargo, pese a las pocas oportunidades en que se celebraba la eucaristía, mis padres lograron al menos bautizarnos, razón por la que siendo adulto he completado dichos sacramentos y con esto también mi presencia en la Iglesia fue siendo más frecuente, ya que por razones de estudios emigré a la ciudad de Quirihue.

 En la medida que iba progresando en los estudios y se iban quemando etapas, paralelamente en el interior afloraba una inquietud, que no lograba identificar plenamente. Esto fue creciendo cada vez más, era una necesidad de asistir a la Misa, un vacio interior que ya no lo llenaban los estudios, ni los títulos, ni el trabajo; ya no era suficiente participar los días domingos, sino en todas las instancias en que se celebraba la Eucaristía. También, en ese mismo tiempo pase a formar parte del grupo de catequesis de preparación para el sacramento de confirmación, dentro de la misma parroquia (Quirihue). Si bien la etapa de mis estudios y posteriormente la etapa laboral fue, sin duda, una experiencia muy bonita en mi vida, sin embargo, lo que antes parecía una simple inquietud, tomaba cada vez más fuerza en mi vida. Así fue, como durante unas misiones y más el testimonio de algunos sacerdotes, al verles ejercer su ministerio, hicieron cuestionarme seriamente que quería el Señor de mí. Los sacerdotes me plantearon la posibilidad de discernir el llamado al ministerio sacerdotal, por esta razón, decidí asistir a las jornadas vocacionales en la ciudad de Chillán durante un año. Este periodo fue unos de los momentos más complejos que he vivido.  Un periodo de mucha reflexión, ya que  la decisión a tomar era muy importante en mi vida. Por una parte, me cuestionaba el tema de la edad al ingresar al seminario y por otra, mi situación laboral; estaba trabajando, de hecho tenía trabajo para el año siguiente, una tentación no menor. Además, llevaba una vida independiente y volver a depender de mi familia económicamente era lo más difícil, pues no sería capaz de pedirles algún aporte monetario o alguna prenda de vestir... no porque me lo fueran a negar, sino porque ya me valía por mi mismo.  Dejar mi trabajo, en parte a mi familia y todo lo que significa empezar prácticamente de nuevo, no fue una decisión fácil. Lo que para algunos de mi entorno más cercano era una locura, algo incomprensible, para mi es ganarlo todo, es la felicidad plena en mi vida. Esa felicidad que no encontré al estudiar una carrera, ni en mi trabajo -en el cual me sentía muy grato- sino el encuentro con el Señor y responderle fielmente a su llamado. Pero esta opción de ingresar al seminario no fue indiferente para mi familia, que tampoco comprendía nada, pese a ello nunca se opusieron ni fueron un obstáculo, respetaron mi decisión, y puedo contar con su apoyo.

Si tuviera que señalar los hechos claves que han marcado mi vocación diría que fueron: la ausencia de Sacerdote para presidir la Eucaristía; el participar en las misiones de verano; el testimonio de unos sacerdotes y la forma de ejercer su ministerio, incentivaron en mí la posibilidad de pensar en el sacerdocio. Esta posibilidad fue tomando forma y concretándose con la participación en las jornadas vocacionales y posterior ingreso al Seminario.

Finalmente, ahora en mi segundo año de formación, puedo atestiguar que esta ha sido una buena decisión. En adelante, busco aprovechar la formación en el ámbito académico, espiritual, pastoral y comunitario, entregada por el Seminario; para llegar a ser -si es la voluntad del Señor- el sacerdote que él quiere y anunciarlo en los lugares aún no conocido, haciendo eco las palabras de San Juan "Ustedes no me eligieron a mi; he sido Yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den muchos frutos, y esos frutos permanezcan" (Jn. 15,16).

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