Seminaristas

Testimonio Vocacional Fabian Silva

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Te llame por tu nombre, tu eres mío” (Is 43,1) Mi nombre es Fabián Silva Días, tengo 19 años y pertenezco a la Arquidiócesis de Concepción, actualmente curso segundo año de formación en el Seminario. Vengo de una familia católica que siempre me ha apoyado en esta entrega generosa  a Cristo, a la Iglesia y a nuestros hermanos que tanto necesitan de Jesucristo. Mi proceso vocacional tuvo momentos de alegría y tristezas, de éxitos y fracasos, son pequeños hechos concretos, y también personas concretas de nuestras vida, que nos llevan a darnos cuenta que Dios nos tiene algo preparado, algo que es mucho más grande que una carrera profesional, un Servicio, una Vocación. Mi formación cristiana católica comienza desde muy niño, en la llamada “Iglesia doméstica”, con los  valores cristianos y el conocimiento de Dios, que mi familia me pudo entregar. Luego ingresé liceo “La Asunción” de Talcahuano, en cual me entregaron una conciencia de fe y elementos necesarios para vivir lo que yo creía con el prójimo y conmigo mismo, es allí donde logre descubrir este hermoso regalo que Dios me entrego, que es la vocación a la vida sacerdotal sirviendo y participando en la pastoral juvenil. Al mismo tiempo participaba de la parroquia con el mismo nombre, la parroquia “La Asunción”, donde me fui formando a la vida comunitaria, con los feligreses y los distintos grupos de catequesis de los que yo participaba, primero como catequizando y luego como catequista, así como en el grupo de monaguillos. Además y sobre todo, fui formando mi vida espiritual en las celebraciones litúrgicas y en los encuentros de adoración y oración, muy presentes en mi vida personal, ya que, es a través de estos momentos de intimidad con Dios, donde presentamos toda nuestra vida y nuestros deseos, con humildad y confiando siempre en los caminos providenciales de Dios. Acompañado de sacerdotes, comencé un proceso que nunca lo tomé en cuenta, fui como Pedro al negarlo tres veces, dado que siempre lo iba dejando de lado o dejando para el final, algo que con el tiempo se volvería el centro de mi vida, y fue así como paso a paso, fui descubriendo la obra de Dios en mi vida, como Dios a través de amigos, amigas y otras personas,  quería mostrarme un camino que en mis planes de una vida profesional, no estaba contemplado. “Me ha seducido, Señor, y me deje seducir” (Jr. 20,7) Así fue como esta cita del profeta Jeremías, fue tomando valor en mi proceso vocacional. Comencé a participar de jornadas vocacionales de la Iglesia de Concepción, donde me ayudaron a cuestionarme y a ver si el sacerdocio era mi verdadera vocación. Es así, como luego de un par de años, donde me desarrolle como cualquier joven, incluso en ocasiones desistiendo de mi Iglesia y dejándome llevar por las comodidades de la vida, ingrese al seminario en marzo del 2015, donde, junto con mis hermanos, nos formamos para ser futuros pastores, que predicarán con sus palabras y acciones la verdad al pueblo de Dios, que nos llevará a la salvación que nos da Jesucristo.  Ser un sacerdote del pueblo de Dios, en el pueblo de Dios y para el pueblo de Dios. “y le dijo: Sígueme. Él se levantó y lo siguió” (Mt 9,9)

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