Seminaristas

Testimonio Vocacional Luis Isaac Vera Díaz

Me llamo Luis Isaac Vera Díaz, tengo 21 años y provengo de la parroquia santa Teresa de Jesús de los Andes de Talcahuano, Concepción. Ingresé al seminario el año 2015 y me encuentro cursando el segundo año de formación que corresponde al primer año del ciclo de Filosofía. Antes de ingresar al Seminario estudié un año la carrera de Licenciatura en Ciencias Religiosas y Estudios Eclesiásticos en la UCSC. Mi familia la componen mis padres Marta y Américo y una hermana mayor llamada Mitzi, quien está casada con Christian, tienen dos hijos y uno más en camino.

El llamado al sacerdocio se suscitó hace seis años atrás en la Capilla Sagrada Familia de la Base Naval de Talcahuano. Después de una Misa dominical, delante del Señor, presente en el Sagrario, vino esta inquietud ¿por qué yo no?, me llamaba la atención el padre y los acólitos. En ese momento yo estaba haciendo mis catequesis de Confirmación, en las que los catequistas me ayudaron a enamorarme de Jesús, de la Virgen y de la Iglesia y me enseñaron como todo ello se iba relacionando.   

Luego, al frente de la Capilla, estaba la Comunidad Nuestra Señora del Carmen de la Parroquia Santa Teresa de Jesús de los Andes. Recibí una invitación de Javier y Natalia para participar de la Pastoral Juvenil de Nuestra Señora del Carmen del sector Las Canchas. En la pastoral juvenil encontré amigos y una familia con la cual pude compartir las cosas sencillas de la vida. Pasados los meses me fui dando cuenta de cómo la pastoral iba moviendo mi vida, mis padres me decían que pasaba más tiempo en pastoral que con ellos y en cierta medida tenían razón. Pasaba fácilmente tres días en la Iglesia entre Misa y Pastoral.

Hablé con mis padres y les conté que quería ser sacerdote y fuimos donde mi madrina de confirmación, la cual me llevó donde el padre Jesús Balmaceda. El padre me llevó a las jornadas vocacionales, donde había más jóvenes de distintas edades que tenían inquietudes vocacionales. En ese entonces tenía 15 años y estuve cuatro años en jornadas vocacionales.

Mientras pasaban las jornadas vocacionales, me fui dando cuenta que algo extraño me iba pasando, tenía muchas ganas de participar más activamente en la Iglesia, de visitar al Santísimo, de rezar más, de ayudar en lo que pudiese.

Un hecho que marcó mi vida fue trabajar en CEVAS (Centro Vacacional Social) que es un movimiento eclesial nacido en la Pastoral Juvenil a nivel país, en el cual se trabaja con niños y jóvenes. En lo personal, no me gustaba trabajar con niños porque no sabía cómo explicarle los temas. El sello de CEVAS es ser Cristo-céntrico, mariano y eclesial, estos son los pilares. Ahí descubrí el sentido del servicio y del amor, me ocupé de ayudar a todos los grupos con uno que otro tema que pudiese explicar y encargarme de que tuvieran jugo o bebida. Algo tan simple como eso me hizo caer en la cuenta que un grano de arena puede ser muy útil cuando es con amor y entrega al otro que es tu prójimo, tu hermano, el otro Cristo.

Yo quiero ser sacerdote porque quiero amar y entregarme a modelo de Jesús Buen Pastor. Hacerlo presente en esta sociedad que se ve oscurecida por el hedonismo, por el materialismo, por la competencia. Gastamos nuestra vida muchas veces en circunstancias que no valen la pena y no nos ocupamos de lo que realmente es importante, de lo duradero, de lo perfecto, de Dios y sus cosas. Algunos dirán qué pérdida de tiempo yo les digo es el tiempo mejor ganado.  

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