Seminaristas

Testimonio vocacional seminarista Javier Velásquez

“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen” (Jn 10,27)

               Me llamo Javier Velásquez y soy seminarista de Chiloé, de la diócesis de Ancud, este año 2015 me trasladé a este seminario para continuar mis estudios en el primer año de teología (cuarto año de formación). Mi historia vocacional ha sido un poco abrupta o repentina, porque para ser sincero nunca pensé en ser cura, ni menos ser seminarista, y heme aquí donde vine a parar, a Concepción. Javier_Velasquez1_270x480.jpg

Mis ovejas escuchan mi voz…

                 Nací en Castro, que es la ciudad centro de las Isla grande de Chiloé y mis padres vienen de los archipiélagos, Apiao y Chaulinec, por ello mi identidad chilota es muy fuerte. Cualquier chilote conoce al Nazareno de Caguach (Isla Caguach), que es santuario y centro de religiosidad en nuestra tierra. Me atrevo a decir, que sin saberlo, allí comenzó todo. Desde niño mi madre y mi tía hicieron participe a toda la familia de esta devoción, recuerdo haber viajado hacia esta isla, en lancha junto a ellos, muchas veces. En mi etapa escolar, en enseñanza básica, nada me hacía pensar que podría querer ser sacerdote alguna vez, aun cuando recuerdo haber hecho mi primera comunión y haber querido ser acólito de mi parroquia, esto último no sucedió porque perdí el interés. En la enseñanza media, recién en segundo medio, época en que mi familia comenzó a participar en la iglesia de forma más activa, participé en la pastoral juvenil de mi Liceo (Liceo politécnico de Castro), pero siempre mis proyectos estaban orientados a tener una familia e hijos. Incluso en la etapa de universitaria pololie por bastante tiempo, proyectándome a futuro, pero había una inquietud que no entendía y que no me dejaba tranquilo, cuando terminé la “U” decidí meditar lo que estaba pasando en mi interior, me sentía empujado a resolver este dilema, y por primera vez, abrí los oídos del corazón.

Yo las conozco…

               Entonces, cuando abres los oídos del corazón y te dispones a escuchar lo que dice Dios en tu interior, comienza todo, me di cuenta que este “llamado” no había sido solo de dos años para mí, sino que de toda una vida. Muchas veces me había llamado y yo rehusaba oír. Silenciosamente Dios obra, sana, y crea. Pasajes de mi historia cobraban sentido y comencé a ver el mundo con otros ojos. Y a pesar de que uno siga con sus propias pifias ¿Qué haces cuando el Amor es más grande que tú? Creo que los enamorados me entenderán. Lo que haces es tomar valor para proponer y te proyectas con el amado o amada. Y cuando das ese salto, el amor parece más Amor, el perdón se vuelve Misericordia y tu vida se vuelca hacia un sí. Esto es lo que llaman “el primer amor”. Por eso cuando me dirigía al seminario, les decía con cariño a quienes me preguntaban, medio en broma y medio en serio que este sería mi tiempo de pololeo con la iglesia, y también mi tiempo de preparación como soldado para un batalla espiritual.Javier_Velasques_2_270x480.jpg

              Así, cuando pasas por todo este proceso, te sabes conocido, y buscado por ese Amor, que es Cristo, Amor que llena todo, desde la indiferencia y la soledad, hasta la alegría más perfecta de su presencia. Hoy puedo decir que con el tiempo ese amor madura, se perfecciona y deja de ser meramente sentimental. Cuando me permití decir ese sí comencé mi discernimiento, un tiempo de dos años, que fue hermoso, pero a la vez difícil puesto que implicaba hacerme responsable por esta respuesta, tuve que hacer a un lado muchos de mis proyectos, anhelos y trabajos, verdaderamente das la vida (Jn. 15,13).

…y ellas me siguen.

              Dios llama pero desde la verdad del amor y la libertad..., cuando logras dimensionar esto en tu vida es que decides dejarlo todo y seguirlo. Te sientes arrastrado a decir que sí, porque nada pierdes y todo lo ganas. Es cuando escuchas tu nombre ser llamado y tú le sigues. En el proceso aparecen personas en tu historia, personas queridas que nunca dejas, sino que llevas contigo: familia, amigos, y  aquellas personas que Dios puso en el camino. Tu mundo se abre a una gran familia, a hermanos que quizá nunca buscaste tener pero que fueron dados para amar. Debo señalar nuevamente que uno no es un santo, tiene pifias y como todo cristiano tiene que aprender a encontrar a Cristo para llevarlo a otros, uno debe mermar y El crecer.

              Hoy la iglesia vive una etapa difícil en vocaciones, y en muchos otros aspectos, sobre todo por falta de testimonio cristiano, pero yo afirmo que Dios sigue llamando hoy, si no fuera porque Dios llama no habría ni laicos ni sacerdotes (Hb 5,1) comprometidos; nuestra labor es orar (Mt 9,38), porque es El quien continua cuidándonos (Jn 21,15) y alimentándonos como ovejas de su rebaño por medio de personas tan normales como todos, asignadas para esta tarea. Como seminarista sólo pido oración, sé que mi tutora, y de todo aquel que dedica su vida a Dios, es María Madre y Reina, por eso sólo aspiro, dentro de mis limitaciones, a ser menos para que Él sea Todo en todos.  

 

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