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VEN, SEÑOR JESÚS, VEN A MÍ, BÚSCAME, ENCUÉNTRAME, T“MAME EN TUS BRAZOS, LLÉVAME

He querido comenzar esta breve meditación sobre la pascua, con esta oración de san Ambrosio de Milán.  Es tomada de la exposición del salmo 118, pero que para nuestra biblia actual es el 119. Especialmente su última estrofa  que dice “me he descarriado como oveja, ven en busca a tu siervo. No, no me olvido de tus mandamientos”.

En el tiempo pascual se celebra el domingo del Buen Pastor, que se dedica especialmente a rezar por las vocaciones sacerdotales. ¿Pero que significado tiene que celebremos este domingo con ese énfasis especial? Celebramos este domingo en torno a las fiestas  pascuales que manifiesta el fundamento de la fe cristiana, la  resurrección de Cristo.Mediante la resurrección de Cristo se nos abren las puertas del redil, se nos abren las puertas del cielo que se nos fueron cerradas por el pecado de Adán y Eva. Jesús,  mediante  su resurrección cumple lo que pide el versículo del salmo 119.

Cristo ha venido ha buscar a su siervo, ha venido a buscar a su oveja, que se ha descarriado.Como lo decía el mismo Jesús,  las ovejas siguen al pastor, por que conocen su voz. Hoy nos podríamos preguntar, ¿como se realiza esta sentencia de Jesús en el hombre del 2012? Esta sentencia se vive de la misma forma en que la vivieron aquellos primeros discípulos, los que le siguieron en los inicios de su vida pública, como aquellos discípulos de Emaús.Esto se entiende reconociendo que en el hombre del 2012, como en los hombres con que Jesús se encontró a la orilla del Jordán, están presentes las mismas exigencias del corazón, las mismas exigencias fundamentales (verdad, justicia, amor, entre otras). Aquellas exigencias que responden a la pregunta que  todo hombre, en algún momento de la vida se hace ¿Cuál es el sentido de mi Vida? ¿Por qué existo? Esta pregunta solo queda respondida en Cristo Resucitado, el cual ha sido acreditado por Dios Padre, como verdadero Hijo, es decir, confirma la filiación divina. Y al mismo tiempo manifiesta que en la humanidad de Jesús, habita la plenitud de la Divinidad.  

Frente a este hombre que es Dios, se cumple la sentencia de San Agustín- nuestro corazón estará inquieto, hasta que no descanse en Ti- que descanse en Ti, que respondes y satisfaces todos nuestros deseos y exigencias más profundas, que tienen su plenitud en Ti, pues nos has creado a tu imagen y semejanza. Pero no debemos olvidar que hoy se hace presente un bloqueo a la interioridad,  a la búsqueda del sentido y vocación de vida. Hoy solo se nos exigen logros, metas. No se esta permitido el fracaso, se nos impide vivir nuestra humanidad, y reconocer en Jesús la Imagen del verdadero hombre. Abandonemos, pues estas cadenas, y aceptemos libremente la invitación que Cristo nos hace, la invitación a seguirle, pues por medio de un seguimiento, podremos a través del tiempo y la convivencia con esta persona, reconocerlo como Señor y Dios nuestro.

Como  la respuesta a la gran pregunta de nuestro yo.Pidamos por tanto a Cristo, que nos atraiga con su belleza, manifestada en la resurrección. Que su voz sea la respuesta a las exigencias del corazón, y que este corazón arda cuando el esta presente. Pues si Cristo, no esta presente, no me auxilia con su gracia, no me atrae, no me lleva consigo. El hombre se pierde, la oveja se descarría, el hombre no es hombre.

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